Primer año de gobierno: mesa de análisis

Aeropuertos y buenas intenciones: una opción C para la Ciudad de México




Hace unos momentos se celebró una conferencia de prensa donde se reveló la pregunta que tendrá la consulta popular convocada para decidir si se sigue con el proyecto del Nuevo Aeropuerto en Texcoco, o si se apuesta a la combinación del actual con Santa Lucía.



Además, atrás de la boleta que se brindará a los ciudadanos los pros y contras de cada una de las alternativas.
No obstante, el pasado tres de octubre, Melvin Cintron, encargado de la oficina de representación regional de la Organización de Aviación Civil Internacional (OACI), en una carta dirigida al presidente electo y al futuro Secretario de Comunicaciones y Transportes señaló que:
El nuevo estudio solicitado por Aeropuertos y Servicios Auxiliares mediante el Oficio ASA/C/264/2018 de fecha 7 de septiembre de 2018, la OACI se concentrará en llevar a cabo un estudio complementario al que se realizó en 2013 (MEX/13/801) para analizar con mayor detalle la interacción de operaciones aéreas en el área terminal de México considerando la operación conjunta de la Base Aérea de Santa Lucía y el AICM. Es decir, llevar a cabo una evaluación general sobre la viabilidad técnica en el espacio aéreo a fin de operar conjuntamente la Base Aérea de Santa Lucía y el AICM”.
Las conclusiones de dicho estudio de 2013 (página 161) arrojaron que, si lo que el Gobierno busca es una solución integral a largo plazo, que pueda absorber el crecimiento del tráfico, facilite la conectividad internacional, tenga potencial para un hub regional y genere rentabilidad garantizando un modelo de eficiencia operativa, "la más adecuada es la de la construcción de un NAICM en el emplazamiento de Texcoco que sustituya completamente al actual".

¿Por qué tanto brinco estando el suelo tan parejo?

No obstante que el organismo de la ONU –especializado y autoridad en el tema– ya se pronunció claramente por Texcoco como la mejor alternativa, algo que también hicieron en el mismo sentido la Asociación del Transporte Aéreo Internacional, la Cámara Nacional de Aerotransportes y el Colegios de Pilotos, entre otros organismos del sector; no obstante la urgencia de contar con una infraestructura que resuelva la saturación del AICM, siendo ésta condicionante de seguridad y también económica; no obstante que ya se empezó la obra y lleva un avance de más del 25%; no obstante que la cúpula empresarial –Carlos Slim incluido– se dijo dispuesta a apoyar con la reducción de costos para la obra en curso... no se entiende tanta obstinación.
Y no se entiende porque no es razonable. La consulta para “endosar la factura” de la decisión al “pueblo bueno y sabio” mucho menos lo es. Es para esos temas complejos que implican el desarrollo y futuro nacionales para los que se elige un presidente, para que conjunte un equipo capaz de administrar a la república, pero con visión de Estado, no con un gesto de “micromanagement” que en realidad es mercadotecnia con un tinte de democracia, es decir, propaganda.

Balazo al pie

El gobierno insistió en reiteradas ocasiones que la OACI confirmaba  que la operación conjunta entre el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (AICM) y la base aérea militar de Santa Lucía era posible "ya que no había problemas de interferencia de espacio aéreo".
Sin embargo, si se lee de forma completa y sistemática, es decir como un todo, es claro que el estudio MEX/13/801, realizado por la Dirección de Cooperación Técnica de la OACI en 2013, se decanta por Texcoco. 

Pies de Plomo

"La vida no es una carrera, es un tiro al blanco", y es más importante acertar que correr sin rumbo. Lo mismo aplica para la transformación de México.
El concepto “transformación” es menos relevante que el de “mejora”, que implica conservar lo que ya se tiene y es valioso. Pensar que hay que rehacerlo todo es pueril y temerario.
Suponiendo que las exigencias de la demanda, la movilidad, el crecimiento y desarrollo hagan del Nuevo Aeropuerto en Texcoco un imperativo actual –de hecho lo es desde hace ya más de dos décadas–, es de suyo suponer que en el 2050 hará falta más. Y tanto para el momento actual como para el futuro, también sería necesario ir definiendo una “opción C” que incluya la idea de un “sistema metropolitano aeroportuario”.
Y aunque la aerolíneas se quejan de Toluca como una opción que duplica costos, sin duda es una infraestructura que tiene mucho que ofrecer, y los “costos de la aerolíneas” no son criterio único para una política aeronáutica, hay que ver mucho más allá.
Basta con que sea negocio y no haya pérdidas para que los operadores consideren utilizar Toluca como una opción, a la cual, si se le suma Cuernavaca, Puebla y Querétaro como descentralizadores en tema de carga aérea, sería ya pensar en el diseño de una nueva política aeronáutica nacional que sin duda beneficiaría la conectividad en el resto del país. Pero de eso hablaremos con más detalle en nuestra próxima colaboración.



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