Primer año de gobierno: mesa de análisis

"La rebelión del espíritu"

*Alocución dirigida a los participantes del Posgrado en Derecho de la Universidad Panamericana, Campus Aguascalientes, Aguascalientes, México, 14 de diciembre de 2018.

"La Natividad", Bernardo Daddi, Florencia (h. 1280-1348)
*"La Natividad", Bernardo Daddi, Florencia (h. 1280-1348)

Distinguir "lo bueno" y "lo malo" objetivo
En 1905 Chesterton publicó un libro titulado "Herejes", en el cual refería que los herejes no eran otros que los grandes intelectuales de la época. Según Chesterton, todos ellos estaban equivocados, y el motivo de su herejía no era otro que “esquivar el problema de qué es lo bueno”. Hablaban de progreso, dignidad o justicia, pero apenas abordaban el tema de lo bueno. Hoy en día, ante la vorágine de información, sentimentalismo y la dictadura del relativismo y de lo políticamente correcto; saber que es "lo bueno" y qué es "lo malo" ya no resulta fácil. Pero no por ello, es imposible. La realidad existe "tal cual es" y de que la reconozcamos así, depende la justicia.

Los valioso de un posgrado
Terminar la etapa de los estudios de posgrado es comenzar una etapa crítica para la razón del abogado. El contraste de los propios dichos, piensos y experiencia con el de los profesores y compañeros es sin duda parte del valioso bagaje que nos llevamos al terminar un trayecto académico como el que ahora nos reúne. Pero las circunstancias actuales tienen un matiz distinto al de otras generaciones. Vivimos una segunda alternancia política en el país y existe más desasosiego del habitual para este tipo de cambios democráticos que llevamos más de dos décadas experimentando.

Una sociedad cansada.
Por un lado el cansancio, el agotamiento, la multiplicidad de frentes que acometer: profesionales, personales, sociales, etc. Estamos cansados, y a veces un tanto confundidos. La ilusión del control.- Pensar que controlamos los procesos en los que participamos en nuestra vida, que controlamos nuestra vida, Lo cual es falso. Lo material como regla y medida del éxito, del triunfo, de la abundancia. El éxito como referente del sentido de la vida. El fracaso como el único enemigo a vencer…

Y por si fuera poco, un cambio de régimen político que inicia con prisa con acierto en la denuncia y el diagnóstico, pero que por otra parte genera preocupación, descontento, desasosiego. La sombra del revanchismo se asoma amenazante ante un “modus vivendi” consagrado. Se nos olvida que el la persona es “individuo” y “relación”. Pero a veces, estamos muy cansados para reparar en ello. En palabras del filósofo surcoreano Byung Chul Han: “Ahora uno se explota a sí mismo y cree que está realizándose”[1]

Hay crisis de autenticidad.
Para Han, la gente se vende como auténtica porque “todos quieren ser distintos de los demás”, lo que fuerza a “producirse a uno mismo”. Y es imposible serlo hoy auténticamente porque “en esa voluntad de ser distinto prosigue lo igual”. Resultado: el sistema solo permite que se den “diferencias comercializables”[2].

Hoy los individuos se autoexplotan.
Se ha pasado, en opinión del filósofo, “del deber de hacer” una cosa al “poder hacerla”. “Se vive con la angustia de no hacer siempre todo lo que se puede”, y si no se triunfa, es culpa suya. “Ahora uno se explota a sí mismo figurándose que se está realizando; es la pérfida lógica del neoliberalismo que culmina en el síndrome del trabajador quemado”. Y la consecuencia, peor: “Ya no hay contra quien dirigir la revolución, no hay otros de donde provenga la represión”. Es “la alienación de uno mismo”, que en lo físico se traduce en anorexias o en sobreingestas de comida o de productos de consumo u ocio[3].

Big data.
“Los macrodatos hacen superfluo el pensamiento porque si todo es numerable, todo es igual... Estamos en pleno dataísmo: el hombre ya no es soberano de sí mismo sino que es resultado de una operación algorítmica que lo domina sin que lo perciba; lo vemos en China con la concesión de visados según los datos que maneja el Estado o en la técnica del reconocimiento facial”. ¿La revuelta pasaría por dejar de compartir datos o de estar en las redes sociales? “No podemos negarnos a facilitarlos: una sierra también puede cortar cabezas... Hay que ajustar el sistema: el ebook está hecho para que yo lea, no para que me lea a mí a través de algoritmos... ¿O es que el algoritmo hará ahora al hombre? En EE UU hemos visto la influencia de Facebook en las elecciones... Necesitamos una carta digital que recupere la dignidad humana y pensar en una renta básica para las profesiones que devorarán las nuevas tecnologías”[4].

Comunicación.
“Sin la presencia del otro, la comunicación degenera en un intercambio de información: las relaciones se reemplazan por las conexiones, y así solo se enlaza con lo igual; la comunicación digital es solo vista, hemos perdido todos los sentidos; estamos en una fase debilitada de la comunicación, como nunca: la comunicación global y de los likes solo consiente a los que son más iguales a uno; ¡lo igual no duele!”[5].

La ilusión del control.
El hombre siempre ha perseguido la ilusión del control, del control de la propia vida, de la de los demás y del entorno, pero al final, siempre, siempre, la realidad acaba por imponerse: no controlamos nada. Nada.

Paradoja.
Y es la paradoja más fuerte que tiene la historia: La omnipotencia, hecha niño, pobre e indigente, para luego consumar el más grande de los eventos de la humanidad: un Dios hecho persona para que la persona se pudiera hacer Dios. Ninguna revolución ha podido subvertir de esa forma los papeles o las categorías, las clases o los sistemas. Nadie más que la inmensidad del amor ha logrado transformar lo divino en lo humano y lo humano en divino.

Vuelve el tiempo de las convicciones.
Y esa es la convicción cristiana. La convicción que inspira a esta universidad y a los que en ella colaboramos sea como docentes, sea como discentes.

Ya lo dijo G.K. Chesterton:  "Donde acaba la biología, empieza la religión". Pero hacen falta ambas: biología y religión, para comprender lo humano y luego comprender los divino. Ambos aspectos se implican y necesitan mutuamente. Y eso es honesta y cruda actitud científica, la más universitaria de las convicciones.

"La Iglesia nos pide que al entrar en ella nos quitemos el sombrero, no la cabeza". (Chesterton). Por eso, me permito citar el Reglamento General de la Universidad Panamericana:

Artículo 3.- La formación que la UP ofrece a los alumnos se funda en los principios institucionales que se concretan a través de la misión, visión y objetivos siguientes:
a) Misión:
Educar personas que busquen la verdad y se comprometan con ella, promoviendo el humanismo cristiano que contribuya a la construcción de un mundo mejor;
b) Visión:
Ser una universidad de referencia global por su calidad académica, formación ética y visión cristiana de la vida.
Ser la universidad cuyos egresados con responsabilidad social aspiren a la plenitud profesional y de vida;

Así, volviendo a Chesterton cito: "La Iglesia no es la asamblea de los puros, sino el hospital de los pecadores"; "Lo malo de que los hombres hayan dejado de creer en Dios no es que ya no crean en nada, sino que están dispuestos a creer en todo". Y...

"Un ideal fijo es condición para toda clase de revoluciones". La universidad desde su fundación ha tenido vocación revolucionaria. Los movimientos revolucionarios siempre han sido gestados primero por intelectuales, luego por los políticos y hombres de armas.

La Fe: la más razonable de las actitudes.
Ante este panorama, la más razonable de las actitudes, la más inteligente de las soluciones es la Fe. Es momento de confiarse y abandonarse en el otro, pero ese otro que no falla y no tiene defectos. Aquel del que nos habla la belleza del arte y la literatura, el arrobamiento de un paisaje, de aquél del que nos grita con serenidad pero con contundencia la muerte, la música, la sinfonía de casualidades que nos han sacado adelante, aquel del que nos describe la justicia, y nos llena de alegría aunque sea un sólo momento de felicidad en la vida:  Dios.

Las cortes, los jueces, los legisladores y ministros han fallado, fallan y seguirán fallando. Hacen falta mejores gobiernos y un Estado de Derecho sí... ¿Pero esperando qué? ¿Hacia dónde pone la patria su esperanza? A veces hablar de “valores”; “de ética” es un eufemismo para sólo justificar un manojo de postulados sentimentales que subyugan a la razón y nos llevan a absurdos sociales.

La tragedia y la belleza de la vida.
Ante la tragedia de la vida, ya lo decía Dostoievski en su novela “El Idiota”: “al final de los tiempos, el mundo será salvado por la belleza”. Dostoievski nos conduce a una singular propuesta: lo que nos va a salvar de la crisis existencial son los buenos recuerdos de las personas que nos han amado incondicionalmente. Y sólo una persona lo ha hecho en modo pleno en toda la historia de la humanidad para con todos...

La grandeza de contemplar.
Es tiempo de Navidad… Y la pregunta no es si va a haber posada o regalos, la pregunta es: ¿En qué creo yo?; ¿Por qué estoy cansado y confundido?... Y quizá la respuesta se sugiera sutilmente al contestar, “¿en qué he puesto mi esperanza?"  Y nos damos cuenta que hay que precisar la pregunta: "¿En Quién he puesto mi esperanza?".

Por lo pronto, para descansar y volver a la ilusión hay que escuchar y contemplar:

No temáis. Mirad que vengo a anunciaros una gran alegría, que lo será para todo el pueblo: hoy os ha nacido, en la ciudad de David, el Salvador, que es el Cristo, el Señor;” (Lc, 10-11) 

¡Feliz Navidad!

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[2] Idem.
[3] Idem.
[4] Idem.
[5] Idem.



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